Han transcurrido un poco más de cuatro meses del 31 de mayo, día de la primera vuelta presidencial, y la dirigencia del Pacto Histórico (PH) parece no haber despertado del golpe emocional que sufrió. Fue ese impacto psicológico el que produjo el trastorno o modorra que afectó el estado de ánimo de la cúpula del PH y de los 69 congresistas de ese movimiento. El golpe se repitió con mayor contundencia el 21 de junio. Desde entonces, la tusa electoral no se ha superado. La cúpula del PH —comité provisional y legisladores— aún no ha interiorizado la responsabilidad política, ética y moral que tiene con medio país (12.708.712 votos, el 48.70 % de los sufragios), que con ansiedad espera que los voceros de la oposición digan y hagan cosas sensatas. Si los legisladores y dirigentes siguen así, la paliza en las elecciones territoriales de 2027 será más demoledora que la propiciada en octubre de 2019. 

A esa ausencia de liderazgo en los territorios los congresistas y el comité provisional del PH podrán argumentar que han hecho control político y moción de censura, debates legislativos, intervención en los medios y en la redes, creado el gabinete de la vida y convocado a una afiliación masiva. A esos debates y al control político les ha faltado ponderación y conocimiento de la historia y del Estado y, por eso, no han tenido ningún resultado positivo. Y, salvo contadas excepciones, cuando los congresistas salen a los medios caen en la celada de los periodistas que alaban al gobierno actual y atacan a Petro y al PH. Para ser justos, lo único positivo durante este letargo poselectoral es la iniciativa de Gustavo Bolívar de crear la Escuela de Formación Política o «Escuela Semilla», que los sábados en la mañana congrega en línea a más de 10 mil simpatizantes del PH para escuchar a expertos en distintas áreas del conocimiento. Sin embargo, nada de lo anterior es suficiente para seducir y enamorar a los votantes, que se sienten completamente abandonados.

(Lea también:La simbología de Petro en su política internacional)

Lo más delicado de esta somnolencia postraumática es que la cúpula del PH parece no haber tomado conciencia de cuál es proyecto político que por el estrecho margen de menos de 1 % ganó las elecciones el 21 de junio. El bufón que hoy ocupa la presidencia de la República es algo más que la sumatoria de la violencia de Laureano Gómez (¡Viva Cristo Rey! es de esa época); el estatuto de seguridad de Turbay Ayala; el proyecto paramilitar de dos momentos: el Movimiento de Renovación Nacional —MORENA— de mayo de 1989, y la refundación de la Patria o Pacto de Ralito del 23 de julio de 2001; y los falsos positivos de Álvaro Uribe de 2002-2010. ¡Qué paradoja!: cuando la izquierda estaba borrada del mapa porque los paramilitares y la fuerza pública habían asesinado a la Unión Patriótica (UP), el Consejo Nacional Electoral (CNE) le negó la personería jurídica al partido MORENA, y hoy, cuando la izquierda es medio país, el CNE en un abrir y cerrar de ojos le dio la personería jurídica al partido Defensores de la Patria, heredero del proyecto político paramilitar.  Ahí están los hechos y las imágenes que dan cuenta de ello.

¿Qué hacer? Ante todo, despertar y conocer la historia. Luego de esto, lo siguiente: en primer lugar, hacer una serena y severa autocrítica; en segundo lugar, tomar conciencia de cuál es el proyecto político que hoy gobierna a Colombia; en tercer lugar, ir en la búsqueda de las casi 13 millones de personas que votaron el 21 de junio por Iván Cepeda. Se debe hacer un trabajo pormenorizado para no dejar un solo municipio sin visitar: hay que cubrir todo el territorio. A la dirigencia del PH, mujeres y hombres, le llegó la hora del apostolado y el sacrificio del verdadero cuadro político: estudioso, comprometido, disciplinado y con profundo arraigo en las bases y en los territorios. Por ejemplo, Cundinamarca tiene 116 municipios y 3 representantes a la Cámara del PH. Cada uno de los 3 representantes se debe responsabilizar del trabajo político en 38 o 39 municipios. Y, así en todo el país, con los 69 congresistas. Esos mismos legisladores o un conferenciante voluntario de la Escuela de Formación Política deben replicar en los municipios asignados los temas de las conferencias magistrales que se han impartido los sábados. Solo con un trabajo así coordinado, se garantiza un buen desempeño en las elecciones territoriales de 2027 y dar el primer paso para el 2030.